Mi sueño (Roma – Santiago)

En 2005, cuando llegué por primera vez a Santiago soñé con poder mostrar a mis padres y hermanas lo que viví en el Camino, lo que sentí y siento aun cuando vuelo libre por esos Caminos, con la única intención de disfrutar del día vivido y de los compañeros de andaduras. El sueño se truncó en 2012, cuando murió mi padre… Me repito. Esto ya lo he escrito en Mi Primer Camino.

En 2015 pude disfrutar de una semana con mi hermana pequeña, de Roncesvalles a Logroño, donde recorrimos en 5 días lo que otros años hice en 7. Fue un relámpago que me abrió los ojos y un trueno que me estremeció el corazón. Debía darme prisa. La vida pasa veloz y nadie sabe cuánto tiempo disfrutaremos de quienes amamos y queremos. Continuar leyendo «Mi sueño (Roma – Santiago)»

Compañero de Caminos

Compañero de Caminos2019 ha sido un año de ensueño en el que he podido ir al Camino 3 veces y, curiosamente, siempre acompañado. A mí, que me encanta irme solo al Camino, en 2019 he caminado siempre acompañado:

  • Abril/Mayo: Lebaniego / Vadiniense; Con César y Nieves.
  • Junio: Salvador; Con Martha.
  • Octubre: Sarria-Santiago; Con mi madre.

Hacía mucho tiempo que le iba dando vueltas al hecho de tener una figura, un click, que me acompañara en mis Caminos. Cuando conocí a César y a Nieves, vi que los dos iban acompañados de una de estas figuras (personalizadas por ellos) y, entonces, me terminé de convencer: quería (necesitaba) la mía. Continuar leyendo «Compañero de Caminos»

Santiago ¡Por fin!

Llegaba al final del Camino y me sumergía en la última de las tres partes del Camino: la emocional. Una vez cruzada la dorada meseta en pleno mes de agosto, con briznas de trigo volando al aire, con más calor del deseado y donde las llanuras doradas  se ven limitadas a lo lejos por pequeñas lomas que dibujan un horizonte ondulado tan soñado como temido; a cada paso, más lejos del inicio; a cada paso, más próximo el fin. A cada paso, ¡más cerca de Santiago! Continuar leyendo «Santiago ¡Por fin!»

Mi reafirmación con el Camino

En 2001 me había ido al Camino para huir. Mis últimos años en el trabajo habían sido horribles, con presiones laborales que terminaron resultando en un cuadro depresivo que me tuvo ‘fuera de servicio’ un buen tiempo pero… Desde mi vuelta, sentí que era capaz de hacer muchas más cosas de las que creía hacer. No era tan inútil como me habían hecho creer ni tan débil como me había llegado a sentir. Era fuerte y autosuficiente. Podrían hacerme daño, sí, pero podría superarlo y tirar hacia delante.

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