¿Cuánto dura un Camino?

Vamos a ver…  Sin empezar a filosofar demasiado y sin querer entrar en implicaciones vitales, psicológicas, religiosas, espirituales… Voy a limitarme a hablar de kilómetros y tiempos para que puedas tener una vaga referencia de qué implica descubrir ‘eso del Camino’. Y no voy a ser nada concreto.

Desde siempre, he opinado que los Caminos no deben acabarse antes de empezarlos. O lo que es lo mismo: Hay que empezarlos por el principio y acabarlos por el final. Si se tiene poco tiempo, escojamos un Camino que permita recorrerlo en ese lapso temporal. Si se tiene más tiempo, escojamos uno  más largo o que nos ocupe más días.

Más o menos largas, más o menos dificultosas, más o menos solitarias, hay muchas y variadas rutas jacobeas pero de alguna manera hay que empezar a clasificarlas. A mí me gusta empezar distinguiendo tres tipos de Caminos:

  • Cortos: Recorridos de una semana a diez días. son ideales para iniciarse en el Camino y descubrir si nos gusta.
  • Medianos: Recorridos de 15 a 20 días. Son los preferidos por los que llevan varios Caminos pero no tienen la oportunidad de lanzarse a Caminos más largos.
  • Largos: Recorridos de más de tres semanas. El sueño de cualquier peregrino que se precie. Recorrer un Camino Francés, un Norte, la Lana, una Vía de la Plata, o unir varios Caminos… Incluso un ¡Roma – Santiago!

Puedes ir al Camino los días que quieras pero, a mi parecer, ir al Camino un fin de semana o un puente es perder el tiempo. Yo disfruto el Camino cuando puedo desconectar del día a día, cuando no sé qué día es, cuando me sorprende un domingo sin nada en la mochila y debo comprar en bares y gasolineras lo que no compré el día anterior en tiendas, cuando dispongo de tiempo para relacionarme y conocer los compañeros de viaje, cuando nacen  y crecen amistades, amores o desamores, cuando hay tiempo de cambiar los planes,  la improvisación es lo más normal y la posible rutina es una decisión que se toma a diario. Y 5 días no dan para eso.

Si saliste anteayer y llegas pasado mañana, estás dando un paseo

La condición física, el tiempo libre y la salud financiera de cada uno es la que es y será lo que nos limitará cuando vayamos al Camino. No tengo nada en contra de que cada cual adapte su viaje a sus necesidades y posibilidades pero sí de la ‘última moda’ de los nuevos peregrinos que se lanzan al Camino para recorrer los últimos 100 kilómetros de cualquier Camino en el menor tiempo posible (5 días o menos).

Cada día abundan más los peregrinos que apoyan sus ideas, opiniones y consejos en sus 10, 15  o más Caminos. Lo que no dicen es que esos 10, 15 o más Caminos son los últimos 100 kilómetros de cualquier Camino (normalmente el Camino Francés). Cuando uno recorre siempre los mismos kilómetros es como el que va siempre al mismo restaurante y toma siempre el mismo postre, saltándose los entrantes, el primero y el segundo. Podrá opinar del postre, de su postre, pero no de de la carta de ese restaurante y mucho menos de ningún otro.

El Camino es una senda que se hizo, se mantiene y se mantendrá compartiendo los miles de millones de pasos de los millones de peregrinos que levantaron polvo para dejar sus huellas en él. Cuantos más días pases en el camino, más personas conocerás, más amistades crearás y más ayuda recibirás pero tus pasos deberás darlos tú; y nadie más. El Camino no es un pasillo, unas escaleras, un tobogán o una alfombra roja personal para que pases volando rápido y sin esfuerzo. Vas a sufrir y, por mucho que te puedan ayudar, acabarás siendo tú quien se acabe sacando las castañas del fuego.

Sé que ir al Camino es duro, que en un resort 5 estrellas, pidiendo copas en la barra de la piscina, comiendo y cenando en restaurantes de una, dos o tres estrellas Michelin uno estaría más descansado que caminando 5, 6 o 7 horas con una mochila a la espalda. Que pasear cogidos de las manos con los pies desnudos por la playa mientras el sol se pone y el cielo arde con tonos rojizos es mucho mejor que acabar el día compartiendo una habitación de albergue con 8, 15 o 30 desconocidos más, donde el olor de pies dejará de ser molesto cuando lleves 2 o 3 horas intentando dormir y tu lado psicópata empieza a cuestionarte si no sería mejor que ahogaras a ese oso que os deja sordos cuando inspira y levanta el tejado cuando expira.

Vas a odiar las subidas hasta que te encuentres con la primera bajada que te destroce las rodillas. Entonces pensarás que ni subidas ni bajadas, que lo mejor es un perfil plano… Hasta que llegues a la meseta y hagas 20 kilómetros uniendo 5 rectas con 4 insinuaciones de algo que no puede llamarse ni curva. Y pensarás que lo mejor es salir de la meseta y meterte en el bosque… Hasta que te pille un aguacero de los buenos y debas arrancar tus zapatos del suelo donde se hunden 3 o 4 centímetros a cada paso que vas, si es que no se te salen al levantar el pie, y te cala el agua de la lluvia y la que han estado recogiendo las hojas de los árboles hasta que pasas tú. Y entonces pensarás que la lluvia que te ha calado a ti hasta los huesos y, aunque llevabas el cubre mochilas puesto, no ha dejado prenda sin empapar en tu mochila es lo peor… Hasta que pases horas y horas a más sin una triste sombra que te indique que bajo su magnífica protección puedes disfrutar de unos fantásticos 45°C… Y para todo eso necesitas tiempo.

Uno puede recorrer casi 100km al día si se lo propone pero eso es correr, no peregrinar (sí, he visto credenciales de ‘peregrinos’ que han ido a pie de Roncesvalles a Santiago en menos de 10 días y he conocido a gallegos que hacen Sarria – Santiago en un fin de semana); o quizás se quiera hacer las etapas ‘típicas’ aun sin estar preparado para ello y que una media de 20 kilómetros diarios se haga insoportable. Y eso sin tener en cuenta el Camino escogido, porque hay recorridos en los que cada kilómetro ‘pesa’ mucho más que en otros.

Réstale  1 km/h a tu velocidad de crucero y calcula las distancias de tus etapas según esa velocidad

Yo te aconsejaría que calcularas las distancias de tus etapas según la velocidad a la que caminas. Por ejemplo: Si cuando salgo a caminar por mi ciudad o en alguna excursión facilita camino a 3km/h, mi ‘velocidad de crucero’ sería de 2km/h. Si deseo caminar de 5 a 6 horas diarias, ya sé que mis etapas deberán ser de 10 a 12 kilómetros. Las distancias de las guías de poco me servirán, pues para recorrer los 20, 24 o 30 kilómetros de las etapas ‘típicas’ debería dedicar 10, 12 o 15 horas diarias a caminar. Yo, al menos, no estoy dispuesto a caminar 10 horas o más al día.

¿Quieres un ejemplo de cómo entiendo que debe descubrirse el Camino para disfrutarse? Mírate el artículo que escribí sobre el Camino con mi madre o todos los artículos que escribí explicando cómo y porqué ‘diseñé’ así nuestro Camino. Un recorrido que suele hacerse en 4 o 5 días y que nosotros hicimos en 12 etapas.

Para terminar con el tema de la dificultad de los distintos Caminos, voy a referenciar al mapa de Caminos y a la encuesta donde opináis sobre la dificultad de los distintos Caminos que habéis recorrido de cabo a rabo. Porque 30 kilómetros en el Camino Primitivo ‘pesan’ mucho más que en el Camino Francés y hay que ser consciente de dónde se mete uno. En el Camino Francés suele contarse una media de 5km/h. Así, una etapa de 30km acabaríamos recorriéndola en unas 6 o 7 horas. Si esa distancia la pasamos al Camino Primitivo, la media que suele calcularse, dependiendo del perfil de la etapa, es de entre 3 y 4 km/h. Así, una etapa de 30km en el Primitivo acabaría resultando en una jornada de entre 7.5 y 10 horas.

Podéis hacer lo que queráis pero yo os aconsejaría no ‘subir de nivel’ hasta que no hayáis recorrido al menos un Camino de nivel inferior. Para quien descubre el Camino, un Camino ‘fácil’ es un reto: aprender una nueva forma de vivir donde la improvisación es la única rutina del día a día; calcular la hora en que debemos levantarnos y acostarnos para tener tiempo a recorrer la etapa a nuestra velocidad y que nos dé tiempo a hacer todas las ‘tareas diarias’; admirar una y mil almas que te abren sus corazones con la única intención de abrirse en canal y mostrarse como son; descubrir tus miedos y  sentimientos ante orejas que hace dos días te eran extrañas y ahora te conocen mejor que tu pareja; sufrir por los pinchazos que sufres en las rodillas a cada paso que das y llorar por la posibilidad de tener que abandonar el Camino y alejarte de tu nueva familia… Es todo tan distinto a cualquiera de vuestras anteriores vacaciones que yo no añadiría más dificultad a lo que acabareis viviendo.

Hay dos preguntas que deberías hacerte para decidir tu punto de partida:

  • ¿Deseo obtener la Compostela?
  • ¿Me gustará?

Si decides que deseas volver a casa con la Compostela en tus manos, debes saber que necesitarás acreditar haber recorrido un mínimo de 100km si lo haces a pie o a caballo o de 200km si lo haces en bicicleta pero, en ninguno de los casos, hay límite de tiempo. En cada final de etapa, tu única preocupación debe ser la de sellar en el albergue o alojamiento donde pases la noche y, para no tener problemas, una vez en Galicia, asegúrate de sellar un mínimo de dos veces al día (yo suelo sellar a media etapa, donde desayuno, y al final de etapa).

En Santiago de Compostela ‘cerrarán’ tu credencial cuando en la Oficina del Peregrino te otorguen la Compostela

Si crees que te gustará ¿Por qué renunciar a decenas o cientos de kilómetros? No tienes porque recorrer todo el trayecto que te propongas en el mismo año y puedes, por ejemplo, salir de Roncesvalles y terminar en Burgos éste año. El año que viene recorre de Burgos a León y dentro de 5 años salir de León y terminar en Santiago. No tienes límite de tiempo y puedes seguir usando la misma credencial hasta que la ‘cierren’ en la Oficina del Peregrino en Santiago de Compostela. Eso sí: asegúrate que tengas el sello de la población donde terminas un año y lo reemprendes en otro. En el ejemplo que he dado, deberíamos tener un sello de cada población excepto en Burgos y León, donde deberíamos tener dos, porque fueron poblaciones de fin y de principio de nuestro Camino en distintos años. Y cuando llegues a Galicia, sella tu credencial un mínimo de dos veces por jornada.

No voy a recomendar distancias. Voy a recomendar tiempo: un mínimo de 10 a 15 días dedicados al Camino

Cuando uno recorre un Camino largo, suele decirse que ese Camino se divide en 3 partes:

  • Física: La parte física es la primera prueba que debes superar. Ampollas, tendinitis, sobrecargas… Superados los primeros días, donde ‘se ajusta el cuerpo’, no será el físico lo que te impida llegar donde quieras. Aquí es donde empiezas a conocer a otros peregrinos. Compartiendo dolores e inquietudes, aparecen los primeros brotes de nuevas amistades.
  • Espiritual: Nada tiene que ver con la religión, ni almas, ni nada esotérico sino a mirarte y a cuestionarte a ti mismo. Cuando el físico ya no te preocupa, has descubierto tu ritmo y caminas de forma inconsciente, la cabeza empieza a viajar por mil y un rincones de tu vida, a descubrir respuestas y, lo más importante, preguntas que ni sabías que debías hacerte. Esta, para mí, es la mejor parte de cualquier Camino. En esta parte es donde se forjan amistad es profundas con aquellos que iniciaste el Camino. Serás el hombro que recibe lágrimas, los oídos que guardan secretos y el corazón que comparte dolores y esperanzas. Y sin buscarlo, tú también encontrarás hombros, oídos y corazones.
  • Emocional: Ya has puesto tu cuerpo en su sitio, ya te has replanteado tu vida (o no) y estás a pocos días de llegar donde sea que vayas. La alegría de ver cada vez más cerca el destino hace que empieces a volar por donde vayas, se agite el corazón, respires con mayor profundidad y te aparezca una sonrisa tan boba como hermosa en la cara. Como un niño pequeño que llora porque se le ha pinchado el globo, cuando se acaba un Camino largo se acaba tu mundo. Desaparece. Volverás a casa y tus amigos (tu familia) a la suya, y te llena una pena inmensa por haber concluido y una alegría aun mayor por haber superado el reto que poco falta para que nos diagnostiquen con algún tipo de ‘bipolaridad’.

En un Camino en el que te pases 3, 4 o más semanas, esas partes son muy claras y poca discusión hay: una semana para la parte física, otra para la emocional y el resto para la espiritual. Pero si vamos al Camino menos de dos semanas todo se aprieta demasiado: No hay tiempo para descubrir nuestro ritmo y puede que aparezcan ampollas u otros males porque no hemos hecho una aclimatación pausada, la llegada está tan pegada al inicio que, superada la parte física o aun dentro de ella, ya estamos casi llegando, nos saltamos la parte espiritual, no tenemos tiempo para conocer a nadie o profundizar en las relaciones personales,…

Entiendo la necesidad de poder llegar a Santiago y conseguir ese certificado de distancia o la tan ansiada Compostela que nos acreditará como peregrinos el resto de nuestra vida. Hay quien debe realizar un desplazamiento de miles de kilómetros y gastarse los ahorros de varios años para poder realizar su primer paso en el Camino; hay quien se lanza a buscar flechas amarillas muchos años después de la jubilación, hay quien necesita tantos preparativos y logística que difícilmente podrá volver a vivirlo… Y hay quien desea que el Camino sea su penúltimo viaje antes de emprender el definitivo.

Por todo esto, reflexionemos cómo queremos que sea nuestro Camino: una carrera? O una experiencia vital?

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