Motivaciones

Vamos a hablar claro: todos conocemos a alguien que alguna vez ha dicho, en un tono de voz un poco más alto de lo normal (para que le oiga incluso quien no está en esa conversación) ‘¡Cualquier día de estos me voy al Camino de Santiago!’. Bueno, pues muy bien. Os aseguro que no conozco a ninguna de esas personas que haya ido aún al Camino. Y toda la seguridad que tenía su tono y sus palabras se diluye cuando saben que quien les escucha ha ido una o varias veces a uno o varios Caminos.

Quien se lanza al Camino no lo hace por una bravuconada, no lo anuncia a los cuatro vientos. Se va al Camino porque la vida le ha puesto esa puerta delante y ha decidido abrirla después de haberlo pensado mucho o de no pensarlo absolutamente nada. La decisión de ir al Camino se toma de la misma manera que se vive el día a día en el Camino: primero se siente la necesidad, se ejecuta la acción y, ya después, ya intentaremos encontrar un porqué.

Si eres creyente, por supuesto, será quien lo tengas más fácil para encontrar el sentido de tu viaje pero… ¿Y si no lo eres? ¿Ya no puedes peregrinar a Santiago? Por supuesto que sí.

En el Camino se vive distinto. Las creencias religiosas, el nivel de estudios, las preferencias políticas, las diferencias de sueldo, la profesión… Todo se diluye en el día a día del Camino y en conversaciones banales que terminan en profundas revelaciones personales. Hay una espiritualidad que nada tiene que ver con la religión, interpretaciones esotéricas, pseudocientíficas u otras rarezas y se basa en un sentimiento de humildad y honestidad que impregna a quienes transitan por él el tiempo suficiente. Un ‘espíritu peregrino’ que se contagia con una facilidad pasmosa entre unos y otros. Una entrega absoluta a cualquier compañero de trayecto que permite superar mil y un obstáculos a quien sea que crea que pudiera tener algún problema o dificultad.

Soy incapaz de razonar un sentimiento

Os prometo que me siento peregrino, que lo tengo tan integrado, que vivo y siento el Camino en cada acto de mi vida y que lo entiendo tan profundamente… Que no puedo razonarlo. Dicen que cuanto más profundamente conoces algo, más fácil es explicarlo de forma sencilla pero yo fui incapaz de hacerlo con mis padres y mis hermanas. Por mucho que hablaba, no me hacía entender. Ellos sólo captaban pasión en mis palabras, alegría en mi cara y un brillo especial en mis ojos. Por mucho que les insistí, no conseguí convencer a mis padres para que me acompañaran al Camino pero lo conseguí a medias con una de mis hermanas.

Mi hermana empezó a notar algo especial en mi relato, escuchaba mis palabras y captaba algo más profundo que ni yo era capaz de explicar ni ella de entender. Como aquel enigma que te tiene en ascuas hasta que logras solucionarlo, las emociones van y vienen, según crees estar cerca de la solución o ves cómo te alejas. Un enigma para ella. Y se fue al camino. Y desoyendo mis consejos, se fue a Sarria para llegar a Santiago en 5 días. ‘Te vas a arrepentir’, le advertí. Así fue. Cuando me llamó desde la Plaza del Obradoiro me dijo: ‘Tenías razón. ¡Debo hacerlo entero!’.

Ahora está recorriendo el Camino Francés por etapas, en distintos años, según los días de vacaciones que va disponiendo, y va descubriendo que el Camino Francés es mucho más que los últimos 100 km, que las prisas del final nada tienen que ver con la tranquilidad de los primeros 650 km, que el verdor de Galicia contrasta con las llanuras de la meseta como las castañas y el trigo que reinan en la una y en la otra, que no alcanzar el horizonte puede resultar mucho más costoso y gratificante que subir y bajar una loma,… Cuando vuelva a pisar la Plaza del Obradoiro, seguro que será mucho más intenso que esa primera vez.

El Camino que más sentimientos me ha provocado ha sido el más corto y fácil de recorrer: Sarria – Santiago

El caso contrario también puede darse. Tras recorrer varios Caminos, tras 14 años de insistir e insistir, con la inestimable ayuda, insistencia y persistencia, mis hermanas, cuñados y sobrinos, conseguimos que mi madre me acompañara al Camino. Mi padre hacía 7 años que había fallecido y mi madre no estaba (ni está) en las mejores condiciones para tan largo paseo pero… En 2019, me olvidé de los ‘largos trayectos’, preparamos una mochila de 20 litros y 3 kg para ella y otra de 45 litros y 11 kg que llevaría yo… Y nos fuimos a Sarria para recorrer los últimos kilómetros del Camino Francés.

El primer día fuimos en coche hasta Burgos, donde pasamos la noche. El segundo día llegamos a Sarria y sólo caminamos un rato por la tarde. 12 etapas más hicimos para llegar de Sarria a Santiago. 12 etapas para recorrer lo que otros hacen en 3, 4 o 5 días. 12 etapas para derrumbar muros. 12 etapas para poder llorar abrazados en la Plaza del Obradoiro. 12 etapas para poder colgar dos magníficas compostelas, dedicadas a su madre y a mi padre.

¡Hay tanto por aprender si nos callamos y nos limitamos a mirar y escuchar!

Hay veces que el Camino se convierte en una herramienta de inserción social. Quizás como parte de alguna terapia, ya sea de forma personal o guiada, tal vez con la ayuda de parroquias o cárceles, por ejemplo, que ayudan o acompañan a quienes deseen o necesiten recorrer el Camino de Santiago, asociaciones u ONG que preparan y guían a personas con algún tipo de discapacidad… Y hay veces que el Camino es una huida hacia delante. Quizás porque se quiere romper con todo, quizás porque se ha perdido todo o quizás y más preocupante, porque no haya nada que perder.

He conocido a peregrinos que llevaban años recorriendo uno y mil Caminos. No meses, no, ¡años! Escucharlos es quedarte extasiado. Sus palabras resuenan y calientan el alma como lo hace una manta de 20 años. Sin prisas. Sin estridencias. Parece que no calienta hasta que te la quitas de encima. Parece que no dicen nada interesante… Hasta que se callan. Es entonces cuando notas la calidez y la profundidad de sus palabras. Unas palabras en las que hablando sólo en presente y del presente, noto en ellas una mezcla extraña de rencor, resignación y melancolía por el pasado y de alegría, esperanza e ilusión por el futuro.

Pero los PEREGRINOS que más me han marcado son aquellos que jamás han dado un paso por el Camino de Santiago, que nunca han visto sus paisajes,… Decenas de PEREGRINOS que, olvidándose de su discapacidad, abandonan temporalmente su ‘vida normal’ para afrontar un reto con mayúsculas y ‘enseñarnos’ a los demás que la mayoría de nuestras limitaciones son autoimpuestas.

Conocer un PEREGRINO que va en una silla de ruedas de la que tiran o empujan 2, 3 o 4 personas, otro que recorre el Camino sin más apoyo que su perro lazarillo, personas amputadas que recorren el Camino en handbike,… Cuando ves alguno de estos PEREGRINOS, lo único que puedes hacer es reconocer su mérito, felicitarlos, aprender de ellos y darles las gracias por lo que te acaban de enseñar.

Si tu meta son los tiempos y retos deportivos, no vayas al Camino

Motivos para ir al camino podemos encontrar muchos pero los que jamás me convencerán serán los deportivos. El Camino de Santiago nació como peregrinación para rendir homenaje a una tumba y pedir favores, bendiciones y redenciones. ¿De verdad alguien se imagina una prueba deportiva para llegar a rezar primero, segundo o tercero a un sarcófago? Hay cientos de pruebas para corredores y ciclistas en todas partes. Si tu meta son los tiempos y retos deportivos, no vayas al Camino. Animo a todos aquellos que busquen retos, marcas y tiempos a que se apunten a cualquiera de ellas y dejen el Camino para cuando hayan perdido las prisas y el reloj tan sólo les sirva para saber a qué hora se ha puesto el sol.

Y después de hablar de todas estas motivaciones para ir al Camino, seguro que no aparece la tuya. Cada uno sabe qué es lo que le ha llevado a interesarse por el Camino, qué es lo que le anima a descubrirlo, qué lo motivó a caminarlo por primera vez, por qué repite una y mil veces o por qué jamás volverá a recorrerlo.

Sea como sea, todos tenemos un porqué

Porque, sí: Hay quien lo recuerda con cariño y tiene un bonito recuerdo y quizás acabe volviendo al Camino en un futuro más o menos lejano. Quién sabe; Hay quién fue, lo recorrió y… Ya. No le encuentra ningún sentido a repetir el Camino porque ‘Una vez y no más, santo Tomás’. Jamás volverá a recorrerlo y jamás lo echará de menos; Hay quien siente la necesidad de ir una y otra vez y hay quien decide que su vida es el Camino y jamás vuelve a salir de él. Sea como sea, todos tenemos un porqué. Y aunque pudiera parecer que debiéramos saberlo antes de partir, muchas veces se acaba descubriendo en el propio Camino.

 

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