Los ‘problemas’ por no poder ‘hacer grupo’

En las 12 jornadas en las que terminamos el Camino, dormimos en albergues, privados o públicos, pensiones, hostales y hoteles y, aunque en todos conseguimos el descanso necesario, no todos los disfrutamos por igual. Es en los albergues donde yo encuentro el sentido al Camino, donde vivo el compañerismo entre peregrinos con más intensidad (sobretodo, en los albergues públicos) porque es el momento de compartir risas, anécdotas, charlas triviales o confesiones sinceras, donde se cuecen amistades y se debate sobre la etapa siguiente, donde se cura y se ofrece lo que se tiene a quien lo necesita… Pero, en nuestro Camino, hacer grupo iba a resultar casi imposible.

Otro punto a tener en cuenta es la dificultad de comunicación entre peregrinos de distintas nacionalidades. Nosotros fuimos al Camino en octubre, un mes donde no suele ser habitual irse de vacaciones y, por tanto, la mayoría de peregrinos que encontramos eran extranjeros. Alemanes, ingleses, italianos, franceses, coreanos… En 12 días, pudimos contar con los dedos de las manos los que hablaban castellano; para comunicarnos con el resto debíamos hacerlo en inglés, idioma que mi madre no habla y que yo apenas chapurreo.

Aún así, cuando pudimos, entablamos largas conversación con personas interesantísimas, con sus problemas, sus miedos, ilusiones y sueños. Escuchamos los suyos y expusimos los nuestros. Quizás en el Camino seamos todos como aquel psicólogo a quien recurrimos para contarle nuestras neuras y miedos, para que nos oriente para superarlos y nos haga más fuertes. En un momento u otro, todos acabamos siendo pacientes y buscamos esa oreja atenta o esa mente clara que, viéndonos desde fuera, nos guíe en la dirección correcta; pero también seremos terapeutas de otras personas pues todos podemos ayudar a otras personas, aunque tan sólo sea escuchando y dejando que exponga y muestre sus miedos e inquietudes. A veces, verbalizando, es uno mismo quien llega a ser consciente de su situación y de encontrar por él mismo las soluciones necesarias.

La única persona con la que coincidimos más de un día fue Gema, malagueña ella, novicia en el Camino, como mi madre, y que traía el Camino ‘prediseñado’ antes de salir de casa. Cuando la conocimos, al ser una de las pocas personas con las que podíamos hablar sin dificultad, entablamos una distendida conversación que nos llevó a compartir lo que quedaba de día. Llegada la noche, y sabiendo que no nos íbamos a volver a encontrar, nos despedimos tras intercambiar teléfonos y cuentas de Facebook para poder seguir en contacto, pues ella caminaría de Palas de Rei hasta Melide, mientras nosotros teníamos previsto acabar en O Coto. Pero la despedida no fue tal. Al día siguiente, antes de terminar la etapa, mi madre se animó a alargar la etapa hasta Melide, lo que hizo que pudiéramos volver a coincidir con Gema. Tras unos mensajes, quedamos en vernos en Melide. No nos alojamos en el mismo albergue pero quedamos en ir a cenar juntos. Con más tiempo, y la confianza adquirida ayer, la conversación fluyó sin dificultad: anécdotas de la etapa, explicarnos la vida… Hablar sin parar hasta que llegó la despedida; esta vez sí, sabiendo que sería definitiva.

Cuando uno coincide en varias etapas del Camino con alguien, a poco que las personas se caigan bien, la amistad aparece como por arte de magia. Compartir aficiones, sueños e ilusiones une mucho y facilita las relaciones personales de un modo al que no estamos acostumbrados en nuestra vida diaria, donde nos despreocupamos de casi todo y nos centramos en nosotros mismos y poca cosa más. Esa tarde/noche, mientras cenábamos, ¡nos contamos tantas cosas! Es curioso cómo pueden conectar dos personas cuando ambas establecen una relación de honestidad recíproca. Más curioso es el momento de la despedida, cuando te entristeces al separarse de esa persona a la que no conocías hace apenas unos días y con la que se ha compartido tanto en tan poco tiempo. Puedo asegurar dos cosas sin miedo a equivocarme:

  • Hay peregrinos con los que he compartido Camino que saben más de mí que muchas personas con las que llevo años relacionándome.
  • ‘Hacer grupo’ es una de las mejores experiencias del Camino.

Cuando diseñé las etapas, ya supuse que no coincidiríamos con nadie que hubiéramos conocido antes. A ver si consigo explicarlo: Nosotros hicimos etapas muy cortas y eso nos impidió compartir algo más que pequeños ratos con otros peregrinos. Las relaciones entre quienes recorren el Camino se viven muy intensamente, la confianza que se ofrece y recibe con absoluta sinceridad y, a poco que compartas unos ratos con otros, posibilita que las relaciones personales se asienten en firmes cimientos que serán la base de una amistad de años que florece en pocos días. Nos lo perdimos. No se puede tener todo.

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